Al fin he llegado a Alaska y tengo que
reconocer que me siento un poco mal de conciencia. Les he mentido
vilmente, como un bellaco ruin, miserable y embustero charlatán. Si,
les he mentido a todos. Voy a ser honesto conmigo mismo y con
ustedes. Podría callarme y dejar que sigan pensando que he llevado
una vida increíble, que todo ha sido casi de película, perfecto,
que me pasan cosas increíbles que a ustedes no les pasan. Podría
dejarles vivir con esa sensación de envidia profunda que sé que
estáis sintiendo hacia mi en estos momentos. Podría seguir
engañándome a mi mismo y decirme “no pasa nada Luis, ellos creen
lo que les has dicho y te admiran, te envidian... que se lo crean,
eso es lo importante”. Pero.. ¡no puedo, no puedo, no puedo vivir
con esta mentira, con esta farsa! Sería deshonesto de mi parte no
reconocer que les he mentido. Llevar una vida de engaños es algo que
no puedo soportar. No. La vida en Tahití no es como puede parecer en
la foto paradisíaca.
Parece muy evocador y muy bonito el
paisaje: esas aguas cristalinas y tranquilas en la mismísima puerta
de tu cabaña, las palmeras, la arena blanca, la calma, la calidez
del sol,..... Pues no, no es así. La mayor parte de los días estuvo
lloviendo, el cielo nublado, las tormentas tropicales eran la norma,
el mar se mueve bravío y era casi imposible entrar en el agua, la
mayoría del tiempo hace bastante fresco y viento, el agua es fría,
muy fría, no apetece remojarse en esas playas ni estar al aire
libre. Es lo que tienen estas islas en medio del océano. De hecho
sólo hubo sol durante dos días: el día de la foto y justo el día
que dejé la Polinesia. La cabaña no daba el suficiente calor y
abrigo, tuve que ir a un hotel como cualquiera de los cientos de
turistas que por allí estaban. Esos turistas con esos bañadores
horrorosos, esas cholas chungas, esas camisas horteras de flores
multicolores que para nada hacían honor al hermoso paisaje. Durante
la época cálida es cuando más llueve... y cuando no llueve hace
bastante frío.... Es una mierda. No hay nada que hacer por estos
lares. Lo único interesante que puedes hacer es sacar fotos de las
playas cuando hace sol para dar envidia, pero nada más. Eso se hace
en un día, en un instante efímero que se va tal como vino. La
cultura polinesia no existe como tal.... o existe como puede existir
la vida del “mago tradicional” en las Canarias... Es todo
bastante falso y enfocado al turismo. ¿De verdad vale la pena tanto
esfuerzo para sentir sólo por unos segundos la satisfacción de
estar dando envidia a los demás? No. Y no iba a decir nada de esto,
porque luego puedo dar la imagen de que las cosas no son como yo
pensaba ni como ustedes pueden pensar, que sales decepcionado y en
vez de dar envidia haces el ridículo. Porque te dejas llevar por una
foto, te haces una composición mental de lo que puedes sentir en ese
lugar, luego vas y resulta que no ocurre nada de lo que te imaginabas
que ibas a sentir. Y claro, sería quedar como un ingenuo o un
embustero. Reconocer que no hay nada de vida salvaje y primitiva, que
las cosas no son tan diferentes a cualquier lugar de Europa, es
quedar mal y eso... no queda bien en esta bitácora de mi nueva vida.
Salvo por lo de Gauguin que me
convirtió en poseso, las polinesias del amor, el chamán de la fe
indígena que llaman Huna, la pareja anciana que me compró los
cuadros y los pingües beneficios que obtuve por su venta.... el
resto ha sido una exageración de mi parte. Igual es que todavía
arrastro mucho de mi pasado y no he conseguido desconectar de los
pensamientos de mi vida esclava en Occidente, mi negatividad, o que
todavía no me he querido lo suficiente para poder estar bien en
cualquier sitio y circunstancia, o simplemente no pude ser yo mismo
al estar poseído por Gauguin. Lo cierto es que mi paso por Tahití
ha sido espiritualmente vacuo en lo personal. Sólo fui un canal, un
vínculo entre Gauguin y la vida terrenal, un instrumento, un cuerpo
utilizado...
Ya en Alaska las cosas pintan de otra
manera, de otro color: blanco níveo para ser exactos. He visto las
ballenas, las focas, alces paseando alegremente por la calle y osos
amorosos. Las auroras boreales son un espectáculo, pasear en trineo
no tiene parangón,... todo es tan... tan... tan níveo. Ahora toca
descansar un poco de tan largo viaje transoceánico en un Aribus 380
de Fly Emirates. Voy a mi cabaña nívea, es noche cerrada, hace frío
fuera. Al calor de la chimenea escribo estas letras arrepentidas, mi
llanto no termina, mi conciencia se siente sucia y embustera. Soy
ruin, ruin ruin... ruin. Lo siento amigos, sé que les he
decepcionado. Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a
ocurrir....

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