miércoles, 17 de febrero de 2016

Viajes con mi amigo Tobik (III)


Al fin he llegado a Alaska y tengo que reconocer que me siento un poco mal de conciencia. Les he mentido vilmente, como un bellaco ruin, miserable y embustero charlatán. Si, les he mentido a todos. Voy a ser honesto conmigo mismo y con ustedes. Podría callarme y dejar que sigan pensando que he llevado una vida increíble, que todo ha sido casi de película, perfecto, que me pasan cosas increíbles que a ustedes no les pasan. Podría dejarles vivir con esa sensación de envidia profunda que sé que estáis sintiendo hacia mi en estos momentos. Podría seguir engañándome a mi mismo y decirme “no pasa nada Luis, ellos creen lo que les has dicho y te admiran, te envidian... que se lo crean, eso es lo importante”. Pero.. ¡no puedo, no puedo, no puedo vivir con esta mentira, con esta farsa! Sería deshonesto de mi parte no reconocer que les he mentido. Llevar una vida de engaños es algo que no puedo soportar. No. La vida en Tahití no es como puede parecer en la foto paradisíaca.

Parece muy evocador y muy bonito el paisaje: esas aguas cristalinas y tranquilas en la mismísima puerta de tu cabaña, las palmeras, la arena blanca, la calma, la calidez del sol,..... Pues no, no es así. La mayor parte de los días estuvo lloviendo, el cielo nublado, las tormentas tropicales eran la norma, el mar se mueve bravío y era casi imposible entrar en el agua, la mayoría del tiempo hace bastante fresco y viento, el agua es fría, muy fría, no apetece remojarse en esas playas ni estar al aire libre. Es lo que tienen estas islas en medio del océano. De hecho sólo hubo sol durante dos días: el día de la foto y justo el día que dejé la Polinesia. La cabaña no daba el suficiente calor y abrigo, tuve que ir a un hotel como cualquiera de los cientos de turistas que por allí estaban. Esos turistas con esos bañadores horrorosos, esas cholas chungas, esas camisas horteras de flores multicolores que para nada hacían honor al hermoso paisaje. Durante la época cálida es cuando más llueve... y cuando no llueve hace bastante frío.... Es una mierda. No hay nada que hacer por estos lares. Lo único interesante que puedes hacer es sacar fotos de las playas cuando hace sol para dar envidia, pero nada más. Eso se hace en un día, en un instante efímero que se va tal como vino. La cultura polinesia no existe como tal.... o existe como puede existir la vida del “mago tradicional” en las Canarias... Es todo bastante falso y enfocado al turismo. ¿De verdad vale la pena tanto esfuerzo para sentir sólo por unos segundos la satisfacción de estar dando envidia a los demás? No. Y no iba a decir nada de esto, porque luego puedo dar la imagen de que las cosas no son como yo pensaba ni como ustedes pueden pensar, que sales decepcionado y en vez de dar envidia haces el ridículo. Porque te dejas llevar por una foto, te haces una composición mental de lo que puedes sentir en ese lugar, luego vas y resulta que no ocurre nada de lo que te imaginabas que ibas a sentir. Y claro, sería quedar como un ingenuo o un embustero. Reconocer que no hay nada de vida salvaje y primitiva, que las cosas no son tan diferentes a cualquier lugar de Europa, es quedar mal y eso... no queda bien en esta bitácora de mi nueva vida.

Salvo por lo de Gauguin que me convirtió en poseso, las polinesias del amor, el chamán de la fe indígena que llaman Huna, la pareja anciana que me compró los cuadros y los pingües beneficios que obtuve por su venta.... el resto ha sido una exageración de mi parte. Igual es que todavía arrastro mucho de mi pasado y no he conseguido desconectar de los pensamientos de mi vida esclava en Occidente, mi negatividad, o que todavía no me he querido lo suficiente para poder estar bien en cualquier sitio y circunstancia, o simplemente no pude ser yo mismo al estar poseído por Gauguin. Lo cierto es que mi paso por Tahití ha sido espiritualmente vacuo en lo personal. Sólo fui un canal, un vínculo entre Gauguin y la vida terrenal, un instrumento, un cuerpo utilizado...

Ya en Alaska las cosas pintan de otra manera, de otro color: blanco níveo para ser exactos. He visto las ballenas, las focas, alces paseando alegremente por la calle y osos amorosos. Las auroras boreales son un espectáculo, pasear en trineo no tiene parangón,... todo es tan... tan... tan níveo. Ahora toca descansar un poco de tan largo viaje transoceánico en un Aribus 380 de Fly Emirates. Voy a mi cabaña nívea, es noche cerrada, hace frío fuera. Al calor de la chimenea escribo estas letras arrepentidas, mi llanto no termina, mi conciencia se siente sucia y embustera. Soy ruin, ruin ruin... ruin. Lo siento amigos, sé que les he decepcionado. Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir....

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